Marta Urcelay, la fuerza de la sonrisa

Y en la entrevista de hoy nos damos un viaje al norte. Allá donde la buena gente abunda por doquier. Allá donde el corto de cerveza se convierte en zurito.

Y allí encuentro a una exquisita persona que me ha dedicado una hora y media de su tiempo.

Gracias Marta Urcelay por dejarme entrar en tu vida y por permitirme esta entrevista, que suena así:

Gema Zelarayán, altura… profesional

Gema Zelarayan

La grandeza no está en la altura. La grandeza está en el corazón y en la cabeza.

Vuelvo a disfrutar con esto que hago al que algunos llaman radio y yo defino que es estar con amigos.

El programa de hoy dedicado a mis dos mujeres más importantes en vida.

Gema gracias por bajar a mi altura y dejarme disfrutar de tu presencia.

Esta ha sido la tertulia:

Pasa y pasará siempre

Volvemos a hablar, pues hasta tus textos escritos suenan armónicos como de si tu voz se tratara, y un hormigueo vuelve a envolver mi cuerpo entero, erizando cada vello del mismo.

Volvemos a hablar, pasen segundos, horas o días desde la última vez, se vuelve a producir esa brutal conexión que tú alma y mi corazón provocan. Quizás sea yo causante de esos susurros húmedos que ruedan por tu semblante. Quizás sea yo quien destroza por dentro esa linda esencia corporal, y espero que ese término devastador sea en un sentido emocionalmente puro.

Hoy me vuelves a demostrar que eres perfección, y aunque tú te reconozcas no ser perfecta, la perfección depende de los ojos que te miren. Y mis dos ojos son enteramente tuyos. Y quizás con una avanzada presbicia, seguramente mezclado con un tanto por ciento, aunque mínimo de miopía o astigmatismo, te veo perfecta. Y si la vista me fallara, el corazón no lo hace, pues te siento perfecta.

Me llamas, melosa, con voz suave, con sonrisa Profiden (como antaño se decía), con ese saber estar y ese halo de magnificencia que tan solo provoca tu humildad. Y yo, simplemente me derrito. Me licuo en mi suelo, en mi área de confort. Porque si tu palabra es dicha, tu voz es tranquilidad; tu mirada es la hostia.

Por eso digo que siempre que me llames, o te llame; pasará esto. Y el día que deje de pasar, estaré muerto.

Te quiero porque así ha de ser.

Nervioso

Se acercan las campanadas de una fecha fijada
tiempo atrás, cuando el frío arreciaba fuerte
allá donde tú vives, y allá donde yo vivía,
cuando empecé a contarte esas lindas cosas
que mi corazón me iba contando día a día,
sobre todo el amor que el poetucho siente.

Una semana queda para goce y total disfrute
de todo eso escrito, contado y emocionado
que será menos glorioso de lo que pudiera
pues tu ausencia se nota perpetua, eterna.

Porque la soledad marcará los primeros pasos
en este camino donde espero volver a sentirte,
a tener la conspicuidad del guiño hermoso
que me eriza los vellos y me hace temblar todo.

Será bello, habrá risas y sonrisas, y también lágrimas,
habrá historias, momentos, pero sobre todo sentimiento.
Estoy seguro que mi risa y sonrisa serán las tuyas,
que haré tuya la lágrima que ruede por mi mejilla
pues a buen seguro ésta se dará profusa y emocionada.

Estoy nervioso, ya lo sabes, quien me conoce lo sabe.
Este reto que propusimos meses atrás que aún recuerdo
se torna cada vez más real, y sobre todo más hermoso,
todo esto que rodea un aura lleno de total sentimiento
lleva marcado en  sangre, al lado del corazón, tu nombre.

Estoy muy nervioso y me siento grande, muy grande.
Me has hecho sentirme inmenso en un mundo distinto,
un mundo donde soy neófito y no sé si hecho para mí.
Un mundo donde entré de tu mano, tirando de mí.

Sabes que no sé escribir pero todo esto merece la pena
tan solo por saber que he sido capaz de emocionarte
y que esa emoción me cosquilleaba mi estómago
como adolescente intentando conquistar su primer ligue.

Créeme, lo haré bien. Pero me falta la guinda:

Quiero reflejar sentimientos

Pasan un poco más de 48 horas de algo bello ocurrido y me siguen abrumando las reacciones a lo ocurrido. Todo el mundo se dirige a mí felicitándome por la última entrevista. Y no sé si soy merecedor de tanta adulación. Creo que no.

Pero sí reconozco que yo antes de la misma estaba hecho un flan. Tenía miedo a que no hubiera feeling, a que la cosa se hubiera enfriado o a que alguien, sin mala intención, hubiera delatado todo o parte del contenido de la misma.

Yo esa semana venía de una urgente mudanza que me desequilibraba y quizás mi error fue proponer la entrevista pues no estaba centrado, pero quería evadirme un rato de los problemas que me martilleaban la cabeza.

Lloré un par de hora antes, pues mi intención era llamar a la entrevistada y suspender la entrevista porque no me podía “desabrazar” de la farola porque mi iba por abajo como un rayo.

Otra parte de mí me decía: “hazlo, no pierdes nada, total…”

Mi gran amigo David, con el que hago pruebas de sonido antes de cualquier entrevista, ya me notó más nervioso de lo normal.

Las cuatro se acercaban, el estómago se cerraba a cal y canto sin dejar paso a ningún bocado de comida. La cabeza y el corazón mantenían una lucha endiablada. Y yo solo pensaba: “voy a quedar como el culo”.

Y llegó la hora y os juro que no sé qué pasó. El ambiente, esa aura que nos rodea, cambió desde el minuto cero. Se produjo una conexión brutal entre “conato de entrevistador” y entrevistada. Fluyó.

Capté rápido la magia y me di cuenta que no procedía de mí. Fue una hora y media, para mí, no imaginable y me atrevo a decir que irrepetible.

Tanto que siempre que cuelgo el teléfono en una entrevista, lloro. Pero es que después de esta entrevista, cuando colgué el teléfono, lloré y creo que lo hice alrededor de una hora.

Hoy sigo en una preciosa nube de la que no quiero bajar. Hoy me siguen felicitando por algo que no tengo culpa. Y hoy me llama David y me dice: “Tío enhorabuena”.

Y hoy quiero agradecer, aunque lo he hecho en privado con algunos, a las 19 personas que hicieron posible este brutal viaje.

Y ahora tengo miedo a volver a decirle a alguien: “Me llamo Javier Romo y en el maravilloso mundo en el que vives no soy nadie. No soy actor, ni director, ni periodista. Pero ¿me dejas entrevistarte?”

Porque creo que lo del sábado se me escapa a mi entendimiento y no volverá a ocurrir.

Quizás esto sea la belleza de la radio.

Y… sigo abrumado.

Miriam Madrid, colosalmente brutal

Y llega un día que vas a entrevistar a una personal tan brutal como Miriam y se fastidia la tecnologi.

Unos días después, retomamos y hacemos esta bella entrevista.

Miriam, me quedo con mucho de ti. Con tu simpatía, con tu risa y con tu sonrisa, y hasta con tu lágrima. Me quedo con tu elegancia, conc tu profesionalidad, con tu belleza.

Pero sobre todo, me quedo con esta hora y media:

No ha mucho

Lo que es la vida. Lo que es la vida.

Cada vez tengo más claro que lo que tiene que pasar tiene que pasar. Y así será siempre.

Acostumbrado a girar la cabeza y rebuscar en el baúl de los recuerdos de mis actorazos entrevistados, hoy soy yo quien gira esa cabeza para buscar en mi pasado y tan solo tengo que desplazarme hasta el mes de enero. ¡Qué cantidad de emociones en tan breve espacio de tiempo!

Cuando allí se produce la génesis de algo precioso que hoy tengo en mi mano. Un sueño del que algunos dicen que tuve huevos a enfrascarme en él y realizarlo. Y se produce por lanzar un reto que yo esperaba se iba a rechazar, pero en este mundo hay gente valiente que le pasa como a mí y solo sabe decir sí.

Y me hallo a 15 días de mi primera presentación, donde todo concuerda como si de encaje de bolillos se tratara. Y será el 28 en Astorga. Brutal enclave para un conato inculto de Neruda o Becker, pero sí muy vinculado a mi vida, y aunque me llena de responsabilidad, sí quiero y me apetece inaugurar este proyecto en mi tierra.

Y más pidiendo a dos enormes personas de la zona como son Cristina Neria y Ana Silva, que me acompañen en tan entrañable evento.

Será allí en la carpa del Jardín de la Sinagoga, y será a las 12,30 del 28 de agosto.

Y es una sensación increíble, la cantidad de mariposas que voltean a cada minuto mi estómago. Son nervios, pero lo de los bonitos, de los que gustan. Pasos van sucediendo a lo largo de cada día que motivan en mí más, si cabe, la llegada del día.

Y respecto a ti, sé que tu agenda te impide estar, pero solo se tratará de ausencia física, porque estarás. A ti te doy las gracias por ser partícipe de todo este sueño, por haber estado a cada minuto sin rechazo y con una sonrisa en todo lo que ha acontecido.

Gracias por haber tenido los “ovarios” de aceptar un reto, que al final se convierte en un proyecto increíble. Yo lo escribí y tú lo recibiste. Y es curioso que leemos una y otra vez los poemas y seguimos llorando.

Quizás eso sea la belleza del libro. La capacidad de emocionar al que lee o recita.

Gracias por estar ahí siempre. Te sigo mirando y me pierdo en tu sonrisa.

Y gracias a ti también, Tía Chus. Sin ti no sueño.

¡Ay, mi Coria!

Lágrimas caían ayer sobre mi mejilla cuando el coche me alejaba más de ti, quizás para no volver, o sin poner día a la fecha de regreso.

Llegué muerto, sin vida y me acogisteis, me cuidasteis y me mimasteis hasta la saciedad.

Tres años han pasado desde mi llegada y esos tres años he crecido más que lo que ese tiempo indica. Hemos charlado, hemos tomado cañas, hemos reído y hasta hemos llorado.

¡Ay! Coria. He conocido tus calles, tus monumentos, tus sitios idílicos para soñar. He paseado junto a tu río, ese que al final va a dar a la mar.

He conocido a tus maravillosos ciudadanos de los que me llevo un buen recuerdo. Quizás no caí bien  a todos, ni todos me cayeran bien a mí, pero lo que ha primado con todos es el respeto y la tolerancia. Cosa que estos tiempos falta en nuestra sociedad.

No me he despedido de todos, y tampoco de nadie pues hacerlo hubiera demorado otros tres años mi partida. Y esta se tornaba en urgencia. Vivimos una época donde se trata de supervivir y eso es lo que me toca hoy en día.

Quizás de lo único que me alegre es de no tener que volver a subir la cuesta de la piscina nada más salir de casa. Pero ahora donde me ubico, en la tierra que me vio nacer, nada más salir de casa he de subir lo que aquí se conoce como la cuesta del cementerio, y no sé qué pinta mejor.

Agradecidos a algunos y a todos. Y centralizando ese agradecimiento diré:

Gracias Layo, por tantos consejos, por tanto baloncesto y sobre todo por creer en mí.

Gracias Rafa por ofrecerme tu alojamiento por segunda vez. Te lo debo todo.

Gracias “Chuti”: lecciones de vida he aprendido de ti. Me llevo más que un amigo, a un padre, a un consejero, aunque no distamos mucho en edad.

Me llevo muy dentro un club de “locos” que me hizo retomar el mundo de la canasta. Atrás quedan muchos sudores, muchos botes, muchos nervios y sobretodo un campeonato de órdago.

Toca abrir otra etapa en mi vida, aunque mi cuerpo ajado ya pida estabilidad. Toca vencer los estragos que esta pandemia nos ha hecho. Toca vivir.

Quedan proyectos por hacer, e intuyo que no tendrán salida, pero no me considero vendedor de humo. Sino un tío creativo en un mal tiempo donde nada se puede ejecutar.

Corianos y amigos corianos, os deseo lo mejor y os lo deseo de corazón. Siempre os tendré en un rinconcito de mi corazón.

Nos vemos el 25 de septiembre, en el Centro Cultural de la Villa Pastora Soler para la presentación de “365 cuando el amor es amor” … o lo que es lo mismo: mi primer libro.

Un beso enorme a todos.

P.D.: Gracias Modesto, a ti y a tu equipo de gobierno. Es de ley hacerlo.

Juan C. Martín, sueño cumplido

Uno nace, crece, se reproduce y muere. Y yo en la etapa de que crezco y siempre seguiré creciendo me llevo los ratitos com el de hoy.

Hablar de Juan Carlos es hablar de arte, hablar de creación. Es hablar de música, de estilo de tablas. Hoy he cumplido un sueño: entrevistar a un ídolo.

Así que Juan Carlos, gracias por esta entrevista y gracias porque sinque tú lo sepas he conocido gente maravillosa que te rodea.

Este fue el ratito.

Jose Bermúdez, idílica

Jose Bermúdez, con acento en la “o” como ella dice.

Belleza, elegancia, profesionalidad… un auténtico lujo de persona. Actriz, actriz de dobraje, locutora. Una infinidad de tesituras vocales, Una voz alucinante, pero sobretodo un corazón infinito.

Volver a retomar este espacio de la mano de una persona tan maravillosa, es un lujo.

Gracias, Jose, por dejarme entrar en tu vida.

Así fue el ratito