Juan C. Martín, sueño cumplido

Uno nace, crece, se reproduce y muere. Y yo en la etapa de que crezco y siempre seguiré creciendo me llevo los ratitos com el de hoy.

Hablar de Juan Carlos es hablar de arte, hablar de creación. Es hablar de música, de estilo de tablas. Hoy he cumplido un sueño: entrevistar a un ídolo.

Así que Juan Carlos, gracias por esta entrevista y gracias porque sinque tú lo sepas he conocido gente maravillosa que te rodea.

Este fue el ratito.

Jose Bermúdez, idílica

Jose Bermúdez, con acento en la “o” como ella dice.

Belleza, elegancia, profesionalidad… un auténtico lujo de persona. Actriz, actriz de dobraje, locutora. Una infinidad de tesituras vocales, Una voz alucinante, pero sobretodo un corazón infinito.

Volver a retomar este espacio de la mano de una persona tan maravillosa, es un lujo.

Gracias, Jose, por dejarme entrar en tu vida.

Así fue el ratito

Años de recuerdo

Y llega el día en el que decides echar el cerrojo y créeme que lo entiendo. Esta pandemia nos sigue matando, a nivel de salud y a nivel laboral que repercute en la salud.

Aún recuerdo, maestro, mi llegada a Coria del Río hace tres años. Agobiado por situación, por mi manera de llegar, a un municipio nuevo para mí. Otro nuevo cambio de vida y ya iban muchos. Y no tenía donde caerme.

Apareció el Club Baloncesto Coria que me dio vida, y ganas de hacer cosas.

Javi, bigotes o chuti, aunque yo prefiero amigo. Duele el cierre que se produce hoy pues pierdo sitio de referencia. Pierdo mis buenas noches, de día, y pierdo sonrisas por doquier. Pierde tus brazos que ya me ampararon en mis diferentes llantos. Pierdo tu consejo, siempre apunto, siempre acorde en su tono de voz y en tu “pseudoindiferencia”. Pierdo el grito de “bote María” tan solo con diez céntimos, pero que producía sonrisa.

Tú dirás que nos veremos en el camino, pero tú sabes que no será igual. Que la lejanía es inversamente proporcional al roce, y que soy persona de roces.

CBC, en tu persona, hoy dice que hasta aquí hemos llegado, y créeme que se me van a quedar muchos recuerdos ahí dentro. Que tomar una cerveza ya no será igual. Que antes uno salía de casa con la idea fija de saber dónde iba, y lo hacía con ilusión, y eso ahora cambia.

Dale un beso a tu mujer, a Mari y a tu familia. Sobre todo a tu mujer y a Mari.

Encontré en vosotros lo que me faltaba: una familia. Un sitio donde me he sentido querido y donde todos os habéis preocupado por mí, por lo que estoy en deuda con vosotros. Bueno, lo estaré siempre.

Hoy cuando cierres, que seguramente estaré presente, piensa que se quedan muchas cervecitas dentro. Que se quedan muchas palabras que no estarán en el aire. Estarán en la memoria. Al menos en la mía.

Has luchado contra viento y marea por mantenerte ahí, lo sé. Pero la situación lo puso inviable. Has ayudado a mucha gente sin nada a cambio y eso te engrandece.

Javier, siempre serás parte de mi CBC, y aunque me sacas no muchos años, te he considerado siempre como un padre.

Baja la persiana hoy. Hazlo contento. Y gracias por todo

Juan, esto es una putada

Duele empezar el día con tan triste noticia, y aunque nuestro contacto ha sido efímero en varias de sus veces, pero intenso, y aun en la distancia siempre hemos tenido una conexión preciosa.

No entiendo la malicia de esta vida que se lleva a los mejores. Porque tu no eras bueno. Tú eras de los mejores. Y hoy lloro tu pérdida.

Ya no regarán esas cervecitas nuestros cuerpos, ya no habrá esas conversaciones que daba gusto escuchar pues no eras de levantar la voz. No habrá esas risas o esas sonrisas. Ya no tendrás que echarme la culpa por llegar tarde a comer. A partir de ahora serás puntual siempre.

¿Recuerdas lo que nos reíamos? Me decías: “Mi familia no para de mandar mensajes para comer, he quedado a las tres”. Y yo te decía: “Joder, Juan, que son las cuatro y media… Échame a mí la culpa”

Has sido verdugo de tu propia vida y una mala ola nos ha roto a todos. A ti por irte tan pronto y a nosotros, por irte tan pronto también.

Aún recuerdo las primeras veces que te vi en el pabellón, tus ojos súper claros, tu pelo canoso, te hacían parecer un extranjero en Coria del Río. Hablo de mí, pues estaba recién llegado a este bello municipio.

Fue ahí en el CBC, que ahora echa el cerrojo, donde cruzamos las primeras cervezas, y las primeras de esas conversaciones. Donde empecé a entender que de extranjero tenías poco, muy poco.

Se te notaba ya de principio bonachón, taimado, de los que jamás buscan mal rollo. O lo que viene a ser, buena gente.

Y no podía ser de otra manera pues es genética, y conociendo a tus dos hijos, el padre no podía ser menos.

Así te recordaré siempre.

¿Te acuerdas, Juan? La de veces que te dije que quería volver a Almería pues yo he veraneado en Roquetas y me decías: “pues cuando quieras vienes a mi casa”. Porque realmente eras así.

Ahora cuando salga, me tomaré una cerveza a tu salud. La cogeré y brindaré al cielo por ti. Y créeme, lloraré.

Buen viaje amigo. Pues la amistad no necesita de tiempo ni de distancia. Tan solo necesita de intensidad, y aunque pocas veces, he disfrutado de maravillosos ratos de tu presencia.

Prepara un par de cervezas para cuando llegue mi turno.

Buen viaje, amigo. Muy buen viaje.

Ha sido un lujo enorme conocerte.

Muchas noches más

Aquí estoy. Tres de la mañana. Llorándote en el día que elegiste emprender tu último viaje.

Y son seis años sin ti. Y es curioso, sigo sin borrar, no me atrevo, tu número de móvil de mis contactos. Tampoco soy capaz de cambiar la foto de fondo del móvil, porque me gusta verte a diario. Es como si todavía tuviera un vínculo contigo.

Tres de la mañana, seis años después y me sigo preguntando ¿por qué tú?

Te recuerdo, te siento y te lloro a diario. Y sé que me proteges por lo que he dicho, porque te siento.

Y sé que me sigues en mis acciones. Es como si hubieras dado un “like” a mi vida, aunque ésta no te guste. Pero noto tus manos en forma de paraguas cuando llueve.

Entonces no tengo que contarte más, pues estás al día. Sí estoy muy nervioso, porque por fin me atreví a escribir un libro, que, por cierto, hoy pagué y firmé el contrato con la editorial. Y estará listo para presentarlo en Septiembre.

¡Sshhhh! No se puede nombrar. No se debe. Lo prometí.

Quizás sea una de las pocas cosas que me hagan sonreír, más que nada porque mucha gente se alegra del libro.

Te recuerdo mucho y bien. Recuerdo tus conversaciones amenas cuando te llamaba llorando y no me daba cuenta que el charco solo me llegaba por los tobillos.

Recuerdo especialmente cuando me iban a operar del pinzamiento del codo. Que no paraba de llorar de miedo y que dejaste de trabajar para atenderme a mí.

Recuerdo que hablaba contigo por la noche, como muchas veces hacíamos, la mayoría de las veces era yo quien llamaba pues era yo el necesitado siempre. Curioso que soy mayor que tú y tú siempre has parecido mayor que yo.

Vivir sin ti complica ya un camino turbulento de por sí. Un camino que se queda sin clavos a donde agarrarse si la pértiga falla.

Pero ya sabes que soy así. Y cuando se curen estas heridas, volveré a coger las sogas de mi carreta y volveré a tirar.

Estíbalitz, ahora que algunos locos me califican de escritor, ¿me dejas que te escriba algo?

Noches de conversación perdidas, y el tiempo no pasa,
recuerdos que quedan grabados a fuego que duele
tanto en la piedra más dura como en corazones débiles.

Tuve que aprender a ser mayor y me quedé en el intento,
pues ahora, torpe, no sé a quién recurrir en una urgencia,
urgencias de las mías, de sirena pero sin ningún enfermo;
urgencias de las que para mí se acaba este mundo atroz
y para ti tan solo es necesario la tirita milagrosa, si acaso.

Tuve que aprender a llorar solo, en silencio, en mi rincón,
tuve que aprender a hablarte con el sonido del viento.
Aprendí a sentirte junto a mí sin que estuvieras presente,
y a veces te alejas de mí, cuando intuyes mi necesidad
o me gritas a golpes de huracán cuando te necesito cerca,
sin oírte, sin notarte, encerrado en mi problema del llanto
y  tan solo soy capaz de aferrarme al cerco de mi soledad.

Y lo peor de esto es que llegará este día, el próximo año,
años futuros, miles de noches seguirán viniendo a mí,
y seguiré aquí, todavía llorando tu ausencia con dolor.

No tengo ningún interés en olvidarte ni quiero aprender a ello
pues aunque el recuerdo de ti sea triste, nostálgico y lloroso
siempre será mejor que cualquier olvido al que me niego.

Hoy seis años más tarde, lloro de la misma manera
que lo hacía cuando tu otro hermano me llamó
para empezar a llorar todo este camino sin ti.

Te quiero

Adiós Manolo, hoy te lloro

Gracias a Diario Hoy por la cesión de la imagen

Aún recuerdo, cuando yo no levantaba un palmo del suelo, metidos en faenas del colegio, deberes y demás, le decía a padre que tenía que recopilar información sobre un trabajo que nos mandaron. Y padre me llevó a veros las oficinas de la calle Gómez Becerra, allí donde el internet todavía no figuraba en los diccionarios y la historia se agolpaba en las estanterías en forma de anuarios.

Allí estabais Fernando (otro de los buenos y grandes) y tú. Y allí me gustaba estar a mí, entre periodistas importantes. Tú, con tu gran sonrisa de bonachón, con un cierto parecido (a mis ojos) a Gaby el de los payasos de la tele. Siempre dispuesto a que mis deberes colegiales salieran de maravilla.

Recuerdo, años más tarde, cuando el ejército me llama a filas y me toca hacer la mili en la Base Aérea de Talavera, como tu mujer, esa hermosísima Charo (por mucho que diga ella que los años son los años) y tú me ofrecisteis una habitación en vuestra casa por si algún día la necesitaba.

Son detalles que ahora que te has ido recuerdo con muchísimo cariño.

Es curioso Manolo, que metido en las artes de la escritura y sin intentar emular al enorme periodista que has sido (infinitamente mejor persona) te comentaba hace unas semanas, por conversación telefónica, que había escrito un libro y que haría, como es lógico, una presentación en Cáceres allá por septiembre. Y que para ello se me antojaba pedirle a Manolo García Carmona (a ti) que fueras mi mentor ese día junto a mi amigo Juan Carlos Vera.

Y me dijiste que por supuesto. Que ibais a Francia a ver a Pilar y que si las fechas coincidían que ahí estarías.

Y ¡qué tristeza hoy! Cuando abro las páginas internáuticas de tu periódico, Hoy, y me entero con un tremendo pesar que cogiste el último tren, que decidiste partir hacia la meta que todo hombre tiene en la vida terrenal, el cielo.

Porque si en este mundo hay alguien que se merezca ese cielo, ese eres tú Manolo. Dejas aquí a tres hijos que, aunque no he tenido mucho trato con ellos en los últimos años, quiero y siempre quise con locura, al igual que a tu mujer. Y sé que dejas huella. Una huella que ni huracanes van a poder borrar.
Que no solo fuiste hombre bueno, sino que también como periodista eras excepcional, pero como ser humano eras la hostia.

Muchas historias hay en común entre los Romo y vosotros. Historias de infancias (mi infancia) y adolescencia (mi adolescencia). Historia de respeto y amistad total con mis padres y recíproca a vosotros.

Miles de momentos mágicos se me pasan ahora en imágenes por mi cabeza. Pero lo que siempre me quedará es la imagen de tu enorme sonrisa que discurría de una oreja a otra.

Triste y lloroso me quedo hoy y siempre. Tan solo te pido que des recuerdos míos a papá, a mamá y a Estibalitz que entre otros muchos te recibirán ahí arriba como tú solo mereces.

Presentaré ese libro y dejaré una silla a mi lado para que la ocupes tú.

Gracias por todo lo que nos has dado, y buen viaje

Con más fuerza que nunca

Vivimos en un mundo donde la vida se nos va rápido. Donde hoy estamos aquí y mañana faltamos, o nos faltan nuestros seres más queridos.

Quiero girar mi cabeza atrás y mirar en el tiempo, como hago con los entrevistados de mi gran programa El Disonante. Quiero recordar, con demasiadas lágrimas en los ojos, ese mes de enero, crucial para mí, donde se empezó a tejer un sueño que hoy es realidad.

Por aquellos entonces, alguien se cruzaba en mi vida de manera sunámica, de esa manera que jamás se olvidará pues se quedó grabado en el corazón y lo que el corazón graba, no se olvida.

Tras mucho tiempo en el que familiares (Tía Chus) y amigos me incitaban a escribir algo serio, un libro, y con el empuje de esta otra maravilla de persona (que si la conozco bien, llorará a la lectura de este escrito) me puse a escribir algo que ni jamás soñé que pudiera escribir, ni jamás pensé que tocara la luz.

Hoy se ha cerrado la campaña de crowdfunding a cargo de Verkami, y se han cobrado las aportaciones a todos los mecenas, por lo que en breve me darán ese dinero para pagar a la editorial y en septiembre tendré el libro en mis manos.

Y es hora de ser agradecido. Así me enseñaron en casa mis padres Así que dejarme que expanda. Quiero agradecer uno a uno a todos los colaboradores, a todos los que han hecho viable este hermoso proyecto del que me queda un currazo enorme. Voy a ello.

Gracias a:

  • David Burgos, ese gran amigo que no te falla en la distancia con el que hablo de dos a tres veces TODOS los días.
  • Tía Chús, cien mil veces gracias y me quedo corto. Te informé tarde del proyecto porque no quería cagarla, porque ya vendía mucho humo. Y tía, ¡lo tenemos!
  • A ese enorme matrimonio gallego al que conozco poco pero los amo como el que más por haber cuidado de mi hermana en su estancia en esa tierra que tanto cariño me dio cuando ella se fue. José y Araceli.
  • A Yayo, al que muchos tienen la manía de llamar Eladio. Gracias crack por tu transparencia y apoyo.
  • A mi Encarna, porque, aunque pase el tiempo estaremos unidos siempre.
  • A mi gran amigo Víctor, incansable en tantas batallas, galas, y partidos juntos.
  • A esa Lidia Palazuelos, incansable actriz, preciosa voz, e inconmensurable mujer que no dudó en ayudar a este pobre trovador.
  • A Sergio, ese gran personaje que conoce en un curso y ahora lo considero importante en mi vida.
  • A una familia allegadísima a la mía como es la Fernando Roncero, gracias siempre.
  • A ese valenciano seguidor del Español de fútbol,  con el cual me unió la pasión de escribir. Jesús, ¿empujamos?
  • A mi prima Dolores y mi prima Caty, con las cuales tengo una unión especial y a las que quiero con locura.
  • A Teresa Borrego al que vi crecer dentro de una cancha de baloncesto y que años más tarde seguimos juntos.
  • A ese gran Juanvi del C. B. Coria al que no dejo de sorprender cuando asaco un proyecto.
  • A Jesús Rosas cuya altura es inversamente proporcional a la capacidad de su corazón.
  • A mi amigo Edu que siempre está en todo lo que hago, y siempre acude a mi llamada en lo que necesito.
  • A la rubia más impresionante que desde adolescente conquistó mi corazón, y que ahora pace por Logroño, Mabel.
  • A dos que siempre estuvieron a mi lado en momentos malos y siguen estando montón de
  • años más tarde. Floren y Carmen.
  • A mi carnicero preferido, Cosme. Que siempre tiene una sonrisa para mí, y algún chascarrillo.
  • A Encarna Andrada que gracias a las redes sociales recuperé hace poco.
  • A uno que conocí hace tiempo por videollamada portando él una peluca y que se convirtió en amigo, aunque esté ahora en las islas.
  • A Ángel, portador de risas y sonrisas detrás de una barra. Aunque sea bético. No se puede ser perfecto.
  • A Javier “Chuti”, padre, hermano, amigo, consejero. De ti no puedo decir nada porque el abecedario se queda corto.
  • A Roberto Blanco, con el que me unió el baloncesto, y con el que hice, porque su hijo pasó una leucemia, un partido benéfico. ¿Recuerdas?
  • Y también un abrazo especial para una persona que para mí siempre será mi primo Pepele.
  • A mi hermana Mariví, que también se quiso sumar a todo esto que he organizado.

Y si me he quedado a alguien en el camino, que me disculpe. La emoción y las lágrimas me embriagan de una manera descomunal.

Y no. No me voy a olvidar de ti. Esto lo he escrito yo, pero tú eres la gran culpable de todo este bonito proyecto

Recuerdo el día exacto y la conversación exacta (o casi exacta) donde me dijiste que con lo bien que escribo (no sé dónde tienes el juicio) que porque no escribía un libro. Y yo te dije que lo haría si me dejabas escribirte a ti. Y cometiste el error de decir que sí.

Pues aquí está: 365, cuando el amor es amor.

Has sido mi musa. Eres mi amiga. Y siempre por lejos que estemos serás mi sueño.

Gracias por tantas conversaciones, por tantas sorpresas, por tantas ilusiones proporcionadas. Gracias por resistir estoicamente el recibo escrito y a veces relato de todo lo enviado.

Gracias por tus viajes. Pero sobre todo gracias por dos cosas: por creer en mí y por hacerme soñar.

Gracias por darme vida. Y sé que ahora estás llorando porque yo lloro.

Señores, bienvenidos a mi sueño: 365, cuando el amor es amor.

Nos vemos en Septiembre.

Caminos quijotescos

Infausto sino el mío que se torna turbio
haciéndome golpear con enormes muros
en mi avanzar hacia mi propio futuro,
en mi largo caminar sin un rumbo definido.

Cabalgo en mi jamelgo, triste y solitario
con mi adarga quijotesca que arma mi mano,
y en la otra un pobre manuscrito a defender
mientras intento abrirme paso en mi camino
luchando contra enormes molinos de viento
“asoplando” sus hélices provocando huracanes.

Molinos gigantes de enormes incertidumbres,
ogros que entorpecen mi camino angosto
con sus risas histriónicas que matan mi alma
e intentan anular mis fuerzas para caminar.

Triste sino el mío que las fuerzas adyacentes
parecen distar en la distancia en esta soledad.
Triste sino mío, penoso avance de camino
que me hace proteger mi acervo, lo deseado,
contra un pecho herido que se queda vacío
temeroso ante largo trecho por terminar.

Y, amigo Sancho, vivimos en mundo de ilusiones
soñando con Dulcineas inalcanzables para uno,
dudo pues si esto que protejo con mi vida
es carne de arte o solo quedaría como objeto
para limpiar nalgas de los que cabalgamos sueños,
no por las historias que en ello se cuentan
sino por la pluma del escritor que las cuenta.

Parece que esta posesión no la sienta como obra
pues tan solo soy caballero andante con mi bacía
esperando esos susurros de viento antaño a miles
perdidos en un maremágnum de tristeza y soledad.

Ojos que dan vida

Fijaros en esos ojos, porque son ojos que dan vida, son ojos que creen en personas. Son ojos que creyeron en mí y por esos ojos digo que 365, cuando el amor es amor, saldrá en septiembre.

Gracias C., por todo lo que me has dado, por todo lo que me has permitido, por tu empuje a que yo hiciera algo grande. Gracias por soportar escrito tras escrito siempre con tu sonrisa y tus lágrimas. Gracias de corazón por hacerme sentir importante.
Te he escrito uno y hasta dos y tres poemas al día y para mí ha sido una gozada. Contigo las letras caían solas en la pantalla. Ordenadas a tu gusto. Ha sido como tirar al aire una baraja de cartas y que cayeran en armonía.

Gracias por ser musa de este tonto trovador que tan solo intenta manejar un diccionario repleto de hermosas palabras.
¿Recuerdas las tres frases de enero? Esas simples frases cambiaron mi vida y eso que ahora esa vida se debate en un bache enorme pero hoy río, sonrío y lloro poruqe tú un día creíste en mí y eso no lo olvidaré jamás.

Tú sabes que pasen los años que pasen, cuando te ve y te abrace, lloraré.

C., el libro es realidad. Ahora nos toca disfrutarlo. Presentaciones, bailes y llantos de emoción.

Por supuesto que también quiero dedicar unas palabras a una persona muy importante en mi vida. Que también ha creído en mi. Tía Chus, gracias por tanto a cambio de nada. Te quiero demasiado y creo que no te lo he dicho tantas veces como mereces. Sin ti este libro no sería realidad.

Y a mi otra musa que está en el cielo. Que pronto hará seis años de su marcha.

Estibalitz¡¡¡¡¡¡¡¡ Voy a hacer algo grande. Espero que estés orgullosa de mí y por favor desde allí arriba protege a estas dos bellas personas.

Va por las tres.

C., ¿bailas?

Javi Romo, darlo todo

Bueno, uno de vez en cuando utiliza sus recursos para algún fin propio. Y entrevistarme a mí mismo me resultaba un poco complicado. Por ello hablé con mi amigo Víctor que además de amigo es periodista y le pedí que me hiciera esta entrevista para explicar un poco el proyecto difícil de editar un libro. En este caso 365, cuando el amor es amor.

Víctor en ningún momento dudó en decir que sí, y el producto fue este ratito: